jueves, 23 de febrero de 2017

¿Qué es el Santo Grial?



El Santo Grial, para la definición más común y difundida, es la copa que Jesús usó en la Última Cena, junto a sus discípulos, y aquella en la que luego José de Arimatea recogió la sangre de Cristo en la cruz.
Se trata, para el terreno de la leyenda y la literatura antigua, de una de las fuentes principales de inspiración en las sagas de la leyenda del rey Arturo y los Caballeros de la Tabla Redonda.
Además de estas versiones, que son las más notorias, veremos que para ciertas creencias el Santo Grial tiene mucho que ver con los caballeros templarios, las sectas ocultistas como los gnósticos y cátaros.
El misterio que rodea al emblema del Grial resulta ciertamente extraordinario, pues ha perdurado hasta nuestros mismos días, al menos en Occidente, como el símbolo mismo de lo maravilloso y del tesoro más buscado desde el comienzo de la era cristiana.
Se ha supuesto que muchos hombres famosos y personajes históricos estuvieron obsesionados con su búsqueda y que incluso en nuestro tiempo esa búsqueda prosigue.

¿Qué es lo que guarda su leyenda? ¿Qué puede encontrar en él un hombre de nuestros días? ¿En verdad alguna vez existió el Santo Grial? ¿En caso de que esto sea cierto, en poder de quién está?
¿Es, realmente, un símbolo místico que, como tantos otros, resulta una imagen de la perfección espiritual o, bien, es un objeto dotado de unos poderes extraordinarios y hasta peligrosos, en caso de que ellos no sean usados según los principios más elevados de la conciencia?

Para la tradición, el Santo Grial es el nombre que recibe un legendario recipiente sagrado, también identificado como el cáliz de la Eucaristía o la patena del Cordero Pascual, tema de un famoso ciclo de poemas caballerescos. En dichos poemas, el concepto de Grial difiere considerablemente; con frecuencia su naturaleza apenas se menciona y, en el caso del poema Perceval de Chrétien de Troyes,se deja sin explicación alguna.
La misma fuente nos informa que la definición más aceptada comúnmente es la de un cronista de una orden religiosa católica apostólica romana, la cisterciense: Helinandus. Este historiador, cuya vida se prolongó hasta 1230 d.C., hace referencia a la visión de un ermitaño que vivió mucho antes que Helinandus, se cree que en 717 d_ C., quien habría aseverado que la famosa copa era en realidad un plato, el utilizado por Nuestro Señor en la Ultima Cena, denominado "Gradale". Helinandus nos informa: "Gradalis o Gradale es un plato (scutella) ancho y un poco profundo en el que solían servirse costosos manjares a los ricos en forma gradual (gradatim), bocado tras bocado en diferentes hileras. En francés populaar también se le llama 'greal' porque a él le parece placentero (grata) y aceptable comer ahí".

La palabra del latín medieval "gradale" proviene del francés antiguo "graal", "greal" o "greel", de donde proviene la palabra inglesa "grail", que luego pasaría al español como "grial". Otros autores manifiestan que la palabra se deriva de "garalis" o "cratalis" (crater, tazón para mezclar). Seguramente significa plato; pues la derivación de "grata", mencionada en la última parte del pasaje citado, o de "agréer" (complacer), que se encuentra en las historias caballerescas francesas, es secundaria. La interpretación de "san greal" como "sang real" (sangre real) no se difundió hasta la última parte de la Edad Media.
Dijimos antes que la leyenda del Santo Grial está íntimamente relacionada con los mitos respecto del Rey Arturo. Sin embargo, originalmente todas estas leyendas eran independientes. La historia de Perceval puede tener un origen mitológico, o puede considerarse como el cuento acerca de un inocentón -en francés antiguo, "nicelot"- que resulta ser el autor de grandes empresas y portentosas hazañas. En todas las versiones que se conocen, esta historia es parte de la leyenda del Rey Arturo, y en casi todas está relacionada con el Grial.
Comprendiendo esto, este parentesco de las leyendas, resulta posible reconstruir el mito original del Grial analizando todas las versiones al respecto que llegaron al conocimiento de nuestros días. Desde luego, este problema y los derivados de la correcta interpretación han provocado uno de los mayores embrollos y discusiones de la literatura comparada.
Dice la misma fuente que la mayor parte de los cuentos franceses de aventuras caballerescas acerca del Grial aparecieron entre 1180 y 1240. Después del siglo XIII no se agregó ningún elemento nuevo a la leyenda. La mayoría de dichos cuentos están escritos en francés, pero hay versiones en alemán, inglés, noruego, italiano y portugués. Su valor como fuentes es muy variable; algunas son meras traducciones o copias de las versiones francesas. Hoy todas esas historias pueden dividirse en dos categorías.

La primera corresponde a aquellas cuyo tema principal se relaciona con la búsqueda del Grial, o con las aventuras y personalidad del héroe de dicha búsqueda.
El segundo grupo cobija a las narraciones que tratan de la historia del recipiente sagrado mismo. Al primer tipo se le conoce como la Búsqueda y al segundo como la Historia Temprana.
En la primera categoría podemos incluir el famoso "Conte del Graal", cuya autoría se atribuye a Chrétien de Troyes y sus sucesores, vasta compilación de unos 60.000 versos, y el poema épico en alto alemán medio "Parzival", señalado como proveniente de la pluma de un tal Wolfram von Eschenbach. Este último trabajo estaría escrito entre 1205 y 1215, y basado, de acuerdo con las declaraciones de Wolfram, en el poema francés acerca de un tal Kyot (Guiot) de Provence. El paradero de dicho poema es un enigma, e incluso se duda de su misma existencia.A los anteriores se pueden agregar los cuentos populares galeses o "Mabinogion", que conocemos sólo a partir de manuscritos del siglo XIII (aunque ciertamente el material es más antiguo), y el poema inglés "Sir Percyvelle", datado como del siglo XV.

Entre las versiones de la Historia Temprana, la más antigua es la trilogía métrica de Robert de Boron, compuesta entre 1 170 y 1212, de la cual se conserva solamente la parte inicial,"Joseph d'Arimathie",y un fragmento de la segunda, titulado "Merlin". Sin embargo, se ha conservado una versión completa en prosa en el manuscrito llamado "Didot".
La historia más detallada del Grial se encuentra en el "Grand Saint Graal", una gran historia caballeresca francesa, escrita en prosa, que data de la primera mitad del siglo XIII
En ella se señala que Cristo en persona entregó a un piadoso ermitaño el libro que cuenta la historia.Además de esas versiones, existen otros tres cuentos de caballería franceses en prosa, también del siglo XIII, los cuales a pesar de tratar principalmente el tema de la búsqueda, cuentan también la historia del recipiente sagrado. El más nota-ble es "Queste del St. Graal", bien conocido por los lectores ingleses porque se insertó casi completo en "Mort d'Arthur" de Malory. Los otros son conocidos como "Didot Perceval" y también como "La Petite Queste" y "Perceval le Gallois", asimismo nombrado como "Perlesvaus".
El poema de Chrétien, considerado por muchos como la historia más antigua acerca del recipiente sagrado, cuenta la visita de Perceval al castillo del Grial, donde ve entrar a una doncella cargando un Graal, una lanza sangrante y un plato de plata. Se trata de un recipiente precioso, que alcanza tal resplandor que eclipsa las luces del salón.
Todos los caballeros que se encuentran reunidos allí demuestran reverencia ante la reliquia. Obedeciendo la consigna de no investigar en exceso, el caballero Perceval no pregunta cuál es el significado de lo que ve, y de ese modo incurre en la culpa y la verguenza.

Chrétien, el autor, seguramente tenía la intención de hablar sobre la segunda visita del héroe a la misma fortaleza, durante la cual habría hecho la pregunta y recibido la información deseada. Sin embargo, el poeta murió antes de terminar la historia, sin dar una explicación del Graal, que en esta versión no tiene un sentido religioso demasiado marcado.

En cambio, en las versiones de la Historia Temprana se reviste de los aires de una gran santidad. Según la explicación, el Grial es el plato donde Cristo comió el Cordero Pascual en compañía de sus discípulos, para pasar luego a las manos de José de Arimatea, quien lo utilizó para recolectar la sangre de Nuestro Salvador cuando su cuerpo fue desclavado de la Cruz. Se le identifica como el Cáliz de la Eucaristía. Supuestamente, la lanza es la utilizada por el centurión Longius para perforar el costado de Nuestro Salvador, y el plato de plata es la patena que cubre al cáliz. En estas versiones, la búsqueda tiene un carácter altamente sagrado, y la atmósfera caballeresca del poema de Chrétien cede ante un intenso ascetismo que insiste no sólo en la pureza del caballero, sino en su castidad. Además, en "Queste" y "Grand St. Graal" el héroe no es Perceval, sino el célibe caballero Galahad, también muy conocido por las leyendas respecto del rey Arturo y los miembros de la Table Ronde.

La historia inicial del Grial está muy ligada a la de José de Arimatea. Cuando los judíos arrojan a éste a prisión, Cristo se aparece y le da el recipiente, gracias al cual logra sobrevivir milagrosamente durante cuarenta y dos años, hasta ser liberado porVespasiano. Luego, el Grial es llevado al oeste, a Inglaterra, ya sea por José y Josefes, su hijo (Grand St. Graal), o porAlain, uno de sus parientes (Robert de Boron). Galahad (o Perceval) tiene éxito en la búsqueda, pero el Grial desaparece al morir su guardián. Según la versión del "Perlesvaus", Perceval desaparece en un barco de velas blancas con una cruz roja (un símbolo templario).

En la versión de Guiot de Wolfram nos encontramos con un concepto del Grial totalmente diferente de la que nos brindan las aventuras caballerescas francesas.
Wolfram lo concibe como una piedra preciosa caída del cielo, que tiene una particular pureza y poderes milagrosos que le son conferidos por el contacto con una hostia consagrada traída del cielo por una paloma cada Viernes Santo. Los ángeles que permanecieron neutrales durante la rebelión de Lucifer fueron sus primeros guardianes; luego fue llevada a la Tierra y confiada a Titurel, el primer rey del Grial. La piedra se custodia y nutre a sí misma en el espléndido castillo de Munsalvaesche (mons salvationis o silvaticus, que puede traducirse tanto como el monte de la salvación como el monte en la selva, un monte seguro... que es la traducción de Montsegur, la fortaleza donde se refugiaron los últimos cátaros franceses...).
La relación que poseen cada una de las versiones del Grial con las demás, especialmente la de Chrétien con las de Robert de Boron y "Queste", es un tema discutible.Tampoco se tiene certeza en cuanto a su relación temporal. Sin embargo, en todas estas versiones la leyenda aparece en un estado de desarrollo avanzado, y sus fases anteriores no son autentificadas por obras literarias; por lo tanto, sólo se pueden hacer conjeturas. El origen de la leyenda es nebuloso, y los eruditos no se ponen de acuerdo en este punto. Se han hecho afirmaciones de un origen oriental, celta o puramente cristiano; pero las historias orientales paralelas, como la mesa del sol de los etíopes, la copa de Jamshid de los persas y el paraíso hindú o Cridavana, no resultan muy convincentes.A ello se suma que la declaración de Wolfram en el sentido de que la fuente del Guiot era un manuscrito árabe de Toledo, provoca muchas desconfianzas.
Sin embargo, no sucede lo mismo con la leyenda celta, ya que indudablemente hay elementos celtas en la leyenda tal cual la conocemos. La historia de Perceval podría tener este origen.
La correspondiente al ciclo artúrico indiscutiblemente es de origen celta, y ello complica aún más la investigación, dado que sabemos hoy que los celtas llegaron a la isla inglesa en tiempos protohistóricos, ocupando irlanda, Escocia y Gales, pero que antes de ello tenían colonias en la actual Galicia, al norte de España, y aun en un sitio de nombre histórico similar, Galitzia, en la lejana Polonia.
Asimismo, estas dos leyendas se encuentran íntimamente relacionadas con la historia de la búsqueda. Talismanes tales como lanzas mágicas y recipientes productores de alimentos desempeñan un papel importante en los mitos y cuentos populares de los pueblos celtas. Según esta teoría, el "Mabinogion", con su sencillo argumento de venganza mediante talismanes, y desprovisto de significado religioso, es la versión más cercana a la forma original de la leyenda. La historia de la búsqueda podría estar basada en un cuento precristiano acerca de un héroe que trata de vengar las heridas hechas a un pariente. El elemento religioso sería entonces de un origen secundario, y se habría incorporado a la leyenda cuando el antiguo cuento de la revancha se fusionó con la leyenda de José de Arimatea, cuyo tema principal es la conversión de Inglaterra.

Aquellos que sostienen la teoría de un origen puramente cristiano consideran fundamental el elemento religioso de la historia, y relacionan las motivaciones principales de sus personajes con ideas y conceptos cristianos. Se deriva del evangelio apócrifo de Nicodemo, el cual estuvo muy en boga en el siglo XII, sobre todo en Inglaterra. En dicha historia, leemos de qué modo José, a quien los judíos habían hecho prisionero, fue prodigiosamente alimentado por Cristo mismo. Otros rasgos fueron extraídos de "Vindicta Salvatoris", el legendario relato de la destrucción de Jerusalén.Además, a José se le confundió con el historiador judío Josefo, cuya liberación por parte del emperador Tito es narrada por Suetonio, el historiador de los primeros césares. Las propiedades de producción de alimentos del recipiente pueden explicarse, sin recurrir a las historias paralelas celtas, mediante la relación del Grial con el Sacramento de la Eucaristía, el cual alimenta espiritualmente a los fieles.
La leyenda cristiana así surgida entró en contacto con la evangelización tradicional de Inglaterra; luego se desarrolló en suelo galés, lo cual evidencia su impronta celta. Respecto de la conversión legendaria de Inglaterra, cabe mencionar que los relatos literarios acerca del hecho están relacionados con la famosa Abadía de Glastonbury, la cual está también relacionada con la leyenda del rey Arturo Pendragón. En el relato de William de Malmesbury, Glastonbury es identificado como el mítico Avalon. Por ello, los eruditos se inclinan a relacionar este santuario británico con el origen de los cuentos caballerescos sobre el Grial.

Leonardo - iniciado Cataró



"Da Vinci reunía en un solo hombre la genialidad de varios: era tanto un extraordinario pintor como un destacado escultor, un eximio dibujante, esto en lo que respecta a las bellas artes, como un notable escritor y asimismo un formidable ingeniero". (Albero di Mérola, Vida -y Obra del Maestro Leonardo Da Vinci)
Estamos ahora en Milán y corre el año 1495. Leonardo Da Vinci es uno de los artistas más importantes de su época. A los 43 años, se le encargan trabajos propios de un maestro, lo que él es, para los que contrata a artistas menores y obreros de ocasión, aunque al estilo de entonces, los bocetos y el diseño general, así como la elección de las técnicas y el plan general de cada proyecto son de su autoría.
Leonardo tiene una fama extravagante: desde sus primeros trabajos de importancia, acostumbra suspender las obras por largas temporadas, pagando puntillosamente en fecha a sus colaboradores, a fin de tenerlos siempre a su disposición, a toda hora.
En estos largos períodos de aparente inactividad, el artista suele desaparecer durante días, sin que nadie sepa de su paradero, como también puede permanecer durante horas y horas contemplando la obra inconclusa, sin moverse, sentado ensimismado sobre un andamio a seis o siete metros de altura si se trata de un fresco.
Y sí, lo encargado por el atribulado Ludovico de Milán es un fresco, una obra al estilo de las medievales, que todavía goza de gran aceptación en el Renacimiento, tanto por el brillo de sus colores como por la permanencia de los mismos.
De hecho, en la iglesia de Santa María de las Gracias, donde debía Leonardo pintar su encargo según una técnica de la Edad Media como el fresco, había desde hacía trescientos años otras obras de igual técnica, que lucían casi tan rozagantes como en el momento en que terminaron de darles la última pincelada.
La técnica del fresco consistía en aplicar los pigmentos sobre la pared, previamente humedecida, antes de que ésta se secara, lo que garantizaba una mejor penetración del color y, consiguientemente, una mayor permanencia del mismo en lo representado.
Leonardo, una vez aceptado el trato con el poderoso duque de Milán, se abocó a llevarlo a cabo según su particular estilo. En principio, remplazó la pintura habitual para un fresco por los óleos, el célebre aceite de Flandes que, hacía tantos años, había aprendido a dominar en el taller de su maestro Verocchio. 
Llamativamente, no era esto lo pactado con su empleador, Ludovico, duque de Milán. El contrato especificaba que la obra debía ser realizada según la técnica antigua.
En segundo lugar: La Última Cena, tal el tema elegido por Leonardo para aquella iglesia, un tema tradicional y muchas veces representado por otros artistas de igual período, no era lo pactado con la orden de los dominicos, a quienes correspondía aquella iglesia.
El documento, que se perdió como tantos otros cuando la ciudad fue ocupada en la Segunda Guerra Mundial, especificaba que el fresco debía referirse a otro asunto: una Natividad.
En tercer lugar: la pintura está realizada de un modo inaudito para la época. Jesús rodeado de sus discípulos, por lo habitual, mira de frente, como si hubiésemos abierto una ventana a la escena y él se encontrara esperándonos.
En la Última Cena de Da Vinci, Jesús sólo mira a Judas, lo que parte en dos la escena. Por una parte, todos los rostros, excepto el de San Juan, representado abiertamente como una mujer, muestran crispación y hasta violencia contenida. En el dúo Jesus Judas, el enfrentamiento es cara a cara.
En cuarto lugar: la figura (le San Juan, el más joven de los discípulos de Cristo, es tan femenina que resulta obvio el detalle. San Juan, en el Nuevo Testamento, es el único autor que se refiere al futuro, mientras que los otros se refieren decididamente al pasado. Este único caso singulariza una proyección de la escena y del contenido del mensaje, pues La Última Cena de Da Vinci hace un hincapié extremadamente llamativo en la figura del único de los presentes que desarrollará un tema que irá más allá de la escena misma.
Se ha querido ver en este San Juan tan particular un mensaje de Da Vinci hacia la posteridad, en coincidencia con lo que se ha deducido de la simbólica construcción de la Catedral de Notre Dame (le París, obra de los masones del siglo XII, casi trescientos años anterior a la Última Cena.
Si es así, la hipótesis no dejaría de tener asidero: tanto Da Vinci como aquellos viejos arquitectos medievales empleaban los medios a su alcance para dejar inscriptos sus mensajes en la historia del arte, la mejor manera de permanencia, en piedra o imágenes, que algo tenía en su tiempo.
En quinto lugar, y no por ello menos llamativo este detalle que los anteriores: cuando Leonardo Da Vinci comenzó su obra, sabía que iba a demandarle mucho tiempo y que difícilmente vería un centavo por ella, cosa que contravenía abiertamente los reglamentos del gremio de artistas al que pertenecía, y sin cuya anuencia era imposible ejecutar una obra en Florencia.
De hecho, jamás cobró una moneda por la Última Cena, y él lo sabía. El príncipe, en el momento mismo de sellar el pacto con Leonardo, estaba prácticamente arruinado. En realidad, por esta previsible razón, nadie del gremio de artistas aceptaba una obra encargada por él desde hacía dos largos años. Leonardo parece haber empleado al príncipe y a la misma orden de los dominicos, que debían obedecer al poder de Ludovico de Milán, para poder ejecutar una obra que le demandó tres largos años de trabajo, porque deseaba hacerla y no porque le conviniera hacerla, algo del todo inusual en aquella época y, desde luego, mucho más en la nuestra.
Leonardo Da Vinci murió en Cloux, Francia, famoso en toda Europa y venerado por reyes y nobles, siendo un anciano de 67 años, en 1519, sin decir una sola palabra sobre si él, realmente, era el prior de Sión, el gran maestre del poder oculto detrás de los antiguos templarios, heredero de la doctrina cátara, colaborador en la tarea (le restaurar a los reyes merovingios en el trono de Francia, como herederos de la sangre de Cristo traída a la Galia en el vientre de María Magdalena.
Lo que recoge Brown en su famoso libro El Código Da Vinci ha sugerido antes, muchas veces y de distinto modo, también basándose en las inquietantes particularidades de La Última Cena, que hoy, restaurada, se ofrece todos los días a la atenta cámara de video y de fotografía de los turistas japoneses en la Iglesia de Santa María de las Gracias, que sigue perteneciendo a la misma orden, la de los dominicos, en Milán, cerca del palazzo del municipio.
Leonardo en Cloux se calló para siempre.
Si de veras hubiese sido un iniciado... ¿hubiese hecho algo diferente...?

De todos modos, podemos disentir con la opinión emitida por Brown en su famoso libro Código Da Vinci. 
En él, su autor reputa a Leonardo como el maestre de la orden secreta llamada Priorato de Sión, el ala esotérica de los templarios, que impulsaba el retorno al poder de los merovingios, los descendientes de Sarah.
Leonardo Da Vinci pertenecía a otra organización, la de los cátaros: vegetarianos, aborrecedores de la generación, como el maestro italiano lo era, y empeñados en una tarea similar a la del Priorato de Sión.
Leonardo Da Vinci era un perfecto, el último grado de la iniciación cátara. Su secreto se lo llevó a la tumba, pero allí están sus obras, abiertas a esta faceta de la polémica.

¿Quiénes fueron los Templarios?



En principio, debemos aclarar que sobre la orden de los caballeros templarios o los caballeros del Temple (temple es igual a templo, luego, los caballeros del templo) se tejieron demasiadas habladurías y mitos, dado lo misteriosa de su historia y de su trágico final.
Para la historia oficial, los Pobres Caballeros de Cristo y el Templo de Salomón -este era su nombre completo- tuvieron por año de fundación de su orden religiosa, ratificada por el Papa, el de 1118, y eran regidos como hermano superior y abad por un caballero de la Champagne, Hugues de Payen. Este padre fundador, junto con ocho compañeros de la orden, se encomendaron a proteger a los peregrinos que visitaban Jerusalén, ya en poder de los cristianos gracias a la acción de las Cruzadas. Pese a la reconquista cristiana del Santo Sepulcro y la ciudad sagrada, innumerables peligros seguían acechando a los peregrinos a la Tierra Santa, dado el número de salteadores y bandidos que esperaban a los peregrinantes en el camino.
A partir de este hecho, la fama de los Caballeros Templarios no hizo otra cosa que engrandecerse, desde que habían arrostrado los peligros de cumplir con su sagrada y piadosa misión de proteger a los peregrinos en su viaje santo.
A partir de esta instancia, la orden no hizo otra cosa que crecer y acrecentar su poder, acercándose a ella un nutrido número de adeptos deseosos de pertenecer a las tan preclaras y famosas filas de los que velaban por el cristianismo en las lejanas regiones del Medio Oriente.
Inicialmente, la orden se regirá por unas de las reglas más severas de que disponía el Occidente cristiano de la época, las de la Orden del Císter, que imponía votos de pobreza, obediencia y castidad. Los caballeros del Temple nada podían poseer, salvo sus armas y dos vestidos, uno el de guerra y otro el de paz, tres caballos y un escudero, que les servía también como criado en la vida civil.
Por otra parte, debían a sus superiores una obediencia absoluta, que incluía la suprema ordenanza de que las órdenes no podían ser ni siquiera de intento comprendidas, sino inmediatamente ejecutadas.
En el año 1139, el papa Inocencio II dio aún más libertades de las que ya gozaba a la orden templarla, al declararla como un ejército de la fe sin otra obligación de obediencia que la suya, esto es, autónomo en relación a reyes cristianos, obispos y príncipes, del mismo modo que los declaraba libres de toda sujeción a la autoridad civil y religiosa.
Con ello, el prestigio de la orden creció todavía aún más, a punto tal que los miembros de las familias más encumbradas de la aristocracia del Viejo Mundo pugnaban por ser admitidos en ella y desde los puntos más diversos de la cristiandad llovían las donaciones a favor de la orden templaria.
Pese a estar obligados por el voto de pobreza, a mediados del siglo XII las propiedades de los Templarios abarcaban fincas, molinos, feudos completos, casas de salmoneria, bosques, campos de labranza y establecimientos rurales -las fuentes de dinero de la época- en dilatadas extensiones de Inglaterra, Francia, España, Portugal, Holanda,Alemania, Austria, Hungría, Italia y hasta la misma Tierra Santa.
Con el paso del tiempo, corno suele suceder, la Orden fue degenerando, volviéndose la cuna de la usura -por las grandes sumas de dinero de que podía disponer- mientras que era envidiada por las clases aristocráticas debido a los grandes privilegios de que disponía, y que superaban a aquellos que eran patrimonio de estas mismas clases privilegiadas en sus mismos países de origen. Por otra parte, las clases bajas sufrían bajo el yugo de los impuestos que establecía la Orden Templaria en los territorios sometidos a su dominio.
Sin embargo, lo mismo que había sido el origen de su ser y de su poder iba a aniquilarla. Hacia fines del siglo XII[, el Islam reconquistó las tierras ocupadas por los cristianos en Medio Oriente.
Hacia 1291, la Tierra Santa estaba ya casi completamente en manos de los soldados de Alá.
La Orden de los Templarios, que durante casi doscientos años había acumulado un poder político, económico y militar como pocas veces se había visto crecer fuera del ámbito secular y religioso habituales, había perdido su misma base de sustentación. No había razón alguna, para el pensamiento de los poderes que envidiaban su poderío económico y temían su capacidad militar y organizativa, para que la orden siguiera existiendo. Por otra parte, la mayoría de los poderes que conspiraron a partir de entonces para arruinar a la Orden del Temple le debían cuantiosas sumas de dinero, muchas de esas deudas imposibles de ser pagadas de modo alguno.
La caída de los feudos establecidos en Tierra Santa no sólo arruinó a los Templarios, sino también a muchos más, fuera de ella, que perdieron con esos territorios todo lo que tenían.
Naturalmente, aquellos que habían apostado al seguro éxito de la orden, y que la veían debilitarse cada vez más, comenzaron a ambicionar recuperar cuanto habían perdido a cuenta de las numerosas propiedades que los Templarios todavía poseían. Por su parte, los que eran deudores de la orden, no querían otra cosa que su ruina para así evitar pagar sus deudas: entre estos deudores no había sólo comerciantes, sino algunos de los monarcas más poderosos de Europa, que habían financiado sus guerras gracias a la usura de los Templarios.
Hacia el comienzo del siglo XIV, la orden lucía como alguien que va a morir Y así fue.
Por esa época, el rey de Francia, Felipe IV El Hermoso, y el papa Clemente V, decidieron deshacerse de los Templarios para siempre. El método entonces no podía ser más sencillo: bastaba con acusar de hechicería a la orden y firmar ambos el documento. La mayoría de los caballeros templarios residentes en Francia fueron arrestados y arrojados a oscuras mazmorras. Muchos de ellos fueron quemados vivos con leña verde, la pena atroz reservada a los herejes y los brujos.
Clemente V, el Papa, dispuso la disolución formal de la orden en enero de 1312. Dos años después, el último gran maestre de los templarios, Jacques de Molay, fue preso, salvajemente torturado con plomo hirviente y castrado, entre otros tormentos, sin que confesara dónde guardaban los templarios sus inmensos tesoros. Cuando fue quemado vivo, ya un semana antes le habían arrancado los ojos con pinzas de hierro.
Los numerosos deudores de los pagarés de los templarios vieron así perdonadas sus deudas a sangre y fuego, pero el tesoro templario nunca fue hallado y, además, la orden no desapareció, sino que pasó a la clandestinidad, protegida por numerosos príncipes que habían hecho sus votos en secreto. La inmigración de los templarios siguió una ruta parecida a la de los cátaros, con los que tenían numerosas afinidades.
En el norte de Italia, muchos señores de marquesados y condados que imponían su propia ley en su territorio, pertenecían a la orden templarla y recibieron a los prófugos para protegerlos detrás de los seguros muros de sus fortalezas. Era tal el caos de la Toscana, la región norteña en la que también estaba enclavada una insignificante aldea de tantas, llamada Vinci, que las ordenanzas del Papado y las iras de los reyes no llegaban allí a tener poder alguno. No había un rey de Italia capaz de unificar el territorio, imponiéndose a los señores locales. Estos hacían lo que querían a su antojo. Ello salvó a los templarios y a los cátaros que, en el invierno alpino, arriesgaban sus vidas por los pasos montañeses para poner a salvo sus vidas, sus creencias y sus principales tesoros...

Los Grandes Maestres, breve historia

Los Grandes Maestres1. Hugo de Payens (1118-1136)
2. Robert de Craon (1136-1146)
3. Evrard des Barrès (1147-1151)
4. Bernard de Tremelay (1151-1153)
5. André de Montbard (1154-1156)
6. Bertrand de Blanchefort (1156-1169
7. Philippe de Milly (1169-1171)
8. Eudes de Saint-Amand (1171-1179)
9. Arnaud de Torroja (1180-1184)
10. Gérard de Ridefort (1185-1189)
11. Robert de Sablé (1191-1193)
12. Gilbert Hérail (1193-1200)
13. Phillipe de Plaissis (1201-1208)
14. Guillaume de Chartres (1209-1219)
15. Pedro de Montaigú (1219-1230)
16. Armand de Périgord (1232-1244)
17. Richard de Bures (1245-1247)
18. Guillaume de Sonnac (1247-1250)
19. Renaud de Vichiers (1250-1256)
20. Thomas Bérard (1256-1273)
21. Guillaume de Beaujeu (1273-1291)
22. Thibaud Gaudin (1291-1292)
23. Jacques de Molay (1292-1314)


Primer Gran Maestre.- Hugo de Payens (1118-1136)
Hugo de Payens (1070-1136) fue el primer gran maestre y fundador de la Orden del Temple y uno de los primeros nueve caballeros. Nació en 1070 en el castillo de Payns, cerca de Troyes, Francia, y murió en Palestina en 1136.

Se afirma que los otros caballeros eran Godofredo de Saint-Omer, Payen de Montdidier, Archambaud de Saint Agnan, André de Montbard, Godofredo Bison, y otros dos de los que sólo se conoce su nombre, Rossal y Gondamer. Se desconoce el nombre del noveno caballero, aunque hay quien piensa que pudo ser Hugo, Conde de Champagne.

Hugo de Payens sirvió en el ejército de Godofredo de Bouillón durante la Primera Cruzada.
Fundó en Jerusalén la orden que más tarde se convertiría en el Temple, e hizo que fueran aprobados sus estatutos en el Concilio de Troyes, en 1128.
Dirigió la Orden durante casi veinte años hasta su muerte, haciendo de ella una influyente institución militar y financiera internacional.


Blasón de Hugo de Payens como Primer Gran Maestre Templario, de 1118 al 24 de mayo de 1136

Segundo Gran Maestre.
Robert de Craon (1136-1146)
Robert de Craon, señor de Craon. Desde junio de 1136 hasta el 13 de enero de 1147 ocupó el cargo de Gran Maestre de la Orden del Temple. No se conoce con exactitud la fecha de su nacimiento; pero se sabe que fue hijo de Renaud de Craon, siendo el segundón de la familia. Se instala en Aquitania, donde mantiene relaciones con la hija del señor del Angoumois y cuando le llega la noticia de la fundación de la Orden del Temple por Hugo de Payens, deja a su novia y marcha hacia Palestina para convertirse en templario. Tanto por su valor militar como por su piedad se impone rápidamente en el seno de la Orden, al punto de que es designado Gran Maestre en junio de 1136, a la muerte de su fundador.

Destaca como un brillante organizador y hace de la Orden del Temple la auténtica promotora de los Estados Latinos de Oriente. Su papel legislativo interno es muy importante y consigue que el 29 de marzo de 1139 el papa Inocencio II, mediante la bula «Omne datum optimum» conceda a la Orden numerosos privilegios. Así, los Templarios son excluidos del pago del diezmo, no están sometidos a la jurisdicción episcopal (lo que significa que la Orden cuenta con sus propios eclesiásticos) y son autorizados a llevar la cruz roja sobre sus mantos blancos.
Robert de Craon no tuvo tanto éxito en el terreno militar. Apenas elegido, derrota al emir de Alepo; pero permite a sus caballeros entregarse al pillaje, facilitando que las tropas del emir se vuelvan contra ellos y los descuarticen. Robert de Craon autoriza a los templarios de España a lanzar una importante expedición (cerca de 70 naves) contra Lisboa, pero resulta también un fracaso. En 1140, los templarios se enfrentan heroicamente a un ejército turco mucho más numeroso en la batalla de Técua.

Aunque el cronista Guillermo de Tiro le cita como participante en 1148 en la Segunda Cruzada, parece que Robert de Craon falleció el 13 de enero de 1147. En efecto, el registro de defunciones de la parroquia de Reims señala su muerte el día de los idus de enero, o sea el día 13, y su sucesor, Evrard des Barrès, toma posesión de su cargo en abril de 1147.


Escudo de armas de Robert de Craon.


Tercer Gran Maestre.
Evrard des Barrès (1147-1151)
Evrard des Barrès (o Everard von Barres, o Eberhard De Bären) es el tercer Gran Maestre de los templarios y gobierna la orden desde marzo de 1147 al 1151. Cuando en enero de 1147 fallece el Gran Maestro Robert de Craon, es uno de los principales dignatarios de la Orden del Temple, ya que Evrard lleva el título de Preceptor de Francia. Apenas designado, debe intervenir militarmente a la cabeza de sus templarios para salvar al rey de Francia Luis VII, quien dirigiendo la Segunda Cruzada, se encuentra en situación comprometida en los desfiladeros de Pisidia.

Según el cronista Odon de Deuil, Evrard des Barrès es un hombre muy religioso, eminentemente respetable y que posee los valores de un caballero, valiente y enérgico. Su influencia sobre Luis VII parece haber sido muy importante. Cuando la Cruzada se acaba, por el fracaso ante Damasco, Luis VII regresa a Francia seguido por Evrard, el cual le presta una considerable cantidad de dinero. Es un precedente que sentará escuela. Sin embargo, el Gran Maestre abandona a sus tropas, las cuales triunfan defendiendo Jerusalén contra un raid de tropas turcas (hacia 1149/1150).

A su vuelta, Evrard des Barrès abraza la vida monástica en Clairvaux (Claraval) y abdica en 1151 a pesar de las presiones de los templarios para que continúe en el cargo. Muere en 1174. Le sucede Bernard de Tremelay.


Escudo de armas de Evrard des Barrès


Cuarto Gran Maestre.
Bernard de Tremelay (1151-1153)
de Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón
Bernard de Tremelay (Saint-Claude, ? – † 16 de agosto de 1153) fue el cuarto Gran Maestre de la Orden del Temple (entre junio de 1151 y el 16 de agosto de 1153). También se le conoce como: Bernard de Tramelay, Bernard de Tremelay, Bernard de Dramelay, Bernard de Dramelet.
Borgoñón de nacimiento y antiguo comendador de Dole, en el Franco Condado, es posible que sucediera a un maestre llamado Hugues, cuya existencia parece ser bastante dudosa, ya que sólo lo cita De Cange.

Bernard de Tremelay nació en el castillo del mismo nombre en los alrededores de Saint-Claude (en la región del Jura). En 1151 fue elegido para suceder a Evrard des Barrès, después de que un tal Hugues hubiera asumido un periodo de interregno hasta que el anterior gran maestre confirmó su dimisión.
Balduino III ofrece a la Orden la ciudadela en ruinas de Gaza (en Tierra Santa). Según los cronistas de las cruzadas, Bernard de Tremblay reconstruyó la ciudad. El arzobispo e historiador Guillermo de Tiro (1130-1185) escribió: «Estos monjes-guerreros, gente llena de coraje, terminaron de fortificar esta ciudad elevando torreones y nuevas trincheras, que hicieron de ella una plaza de armas inexpugnable, desde donde reprimieron las correrías de la guarnición de Ascalón y forzaron por fin a los sarracenos a encerrarse en sus murallas».

En 1153, los templarios participan en el asedio de Ascalón, que Balduino III quiere arrebatar a los egipcios. Los templarios construyen una torre de asalto que los asediados consiguen incendiar. Pero el viento, que sopla las llamas sobre las murallas, abre una brecha a través de la cual se precipitan los templarios. Bernardo de Tramelay, a la cabeza de sus hombres, dirige el asalto sin advertir de ello a Balduino III.

Según Guillermo de Tiro (que los envidiaba): «Lo hizo porque no quería compartir con él el botín». Según otros cronistas, en cambio, lo hizo simplemente porque, en la vorágine de la acción, no llegó a pensar en eso.

Esta omisión la pagó con su vida y la de sus escoltas. Porque los asediados, al comprobar el pequeño número de los atacantes (una cuarentena), arremeten contra ellos y los masacran. Sus cuerpos fueron expuestos sobre las murallas y sus cabezas cortadas son enviadas al sultán, en Egipto. Luego los sarracenos llegan hasta el campamento de Balduino III.

El combate fue sangriento, y durante bastante tiempo su resultado fue incierto. Los cruzados derrotaron a los asediados gracias a los templarios que habían permanecido junto al rey de Jerusalén.
El 19 de agosto de 1153, el estandarte templario ondea sobre las murallas de Ascalón. El coraje extraordinario con el que se han conducido los templarios en el momento de la batalla es alabado en todas las cortes de Occidente y el papa Anastasio IV les concede nuevos privilegios. André de Montbard le sucede a la cabeza de la orden.
Murió luchando en la batalla de Ascalón, junto con todos los templarios que estaban bajo sus órdenes, en el transcurso del penúltimo asalto el 14 de agosto de 1153, poco antes la toma de la ciudad. El registro de defunciones de la parroquia de Reims señala su muerte el 17 de las calendas de septiembre, es decir, el 16 de agosto. Esto se corresponde con las fechas de las crónicas, ya que Ascalon cayó en manos de Balduino III el 19 de agosto de ese mismo año (1153).


Escudo de armas de Bernard de Tremelay


Quinto Gran Maestre.-
André de Montbard (1154-1156)

André de Montbard (1103 - 1156) fue el quinto Gran Maestre de la Orden del Temple, función que desempeñó entre 1154 y el 17 de octubre de 1156. Cuando fue elegido era uno de los miembros de mayor edad de la Orden, ya que formó parte de los míticos nueve fundadores. Era tío de San Bernardo de Claraval.
Habiendo sido Senescal de la Orden entre 1148 y 1151, fue elegido con la oposición de otro candidato que contaba con el apoyo de Luis VII, rey de Francia. Es incierta la fecha de su elección y pudo producirse a finales de 1154, si bien la primera mención de su nuevo cargo está fechada el 27 de mayo de 1155 en un escrito del rey de Jerusalén Balduino III.
Según el registro de defunciones de la parroquia de Bonlieu, su muerte de produjo el 17 de octubre de 1156. Bertrand de Blanchefort le sucedió ese mismo año.


Escudo de armas de André de Montbard.



Sexto Gran Maestre.-
Bertrand de Blanchefort (1156-1169)

Bertrand de Blanchefort (c.1109 - 2 de enero de 1169), llamado también Bertrand de Blanquefort, fue Gran Mestre de la Orden del Temple desde octubre de 1156 hasta el 2 de enero de 1169. Era originario de Guyenne y pariente del papa Clemente V, que más tarde será quien disuelva la institución. El cronista Guillermo de Tiro, poco sospechoso de parcialidad hacia los templarios, lo describe como un hombre “religioso y lleno del temor de Dios”. También se le considera como un gran guerrero con gran sentido común y de una extremada honradez.
Sucedió a André de Montbard, cuya muerte era prontamente esperada por su avanzada edad. El 19 de junio de 1157 fue hecho prisionero en el río Jordán en el lugar llamado el vado de Jacob (batalla del lago Merón), junto con más de 80 templarios, por Nur al-Din, el principal soberano de Siria. Dos o tres años después, su rescate pagado por Manuel I Comeno, emperador bizantino, le permitirá ser liberado con más de 6.000 cautivos.

Acompaña a Amalarico I de Jerusalén en su expedición a Egipto; pero tiene que regresar precipitadamente para, a la cabeza de sus templarios y de los cruzados llegados de Europa (entre los que se encuentra Guy de Lusignan), contener a Nur al-Din, quien, aprovechando la ausencia del rey Amaury, ataca las regiones de Antioquía y Trípoli. Después de una primera victoria, Bertrand de Blanquefort es vencido en la batalla de Harens (1165), donde perecen más de 60 templarios.
Las relaciones con Amalarico se degradan, cuando éste hace prender a 12 templarios acusados de cobardía, pues habían entregado a Nur al-Din la fortaleza en la que montaban guardia. En 1167, Bertrand de Blanquefort retira su apoyo a Amalarico I de Jerusalén, que deseaba anexionarse Egipto, alegando que eso sería romper el tratado negociado unos meses antes por el templario Geoffroy de Foulcher y que esta intervención militar volvería a unir a los musulmanes. Efectivamente, la expedición acaba en un desastre; pero Bertrand de Blanchefort no llegará a verlo, ya que fallece el 2 de enero de 1169, según el registro parroquial de Reims.

Introdujo reformas en la regla templaria y obtuvo del papa Alejandro III el derecho de los grandes maestres de la Orden a llevar en lo sucesivo el título de «maestre por la gracia de Dios» y el de ostentar un bastón de mando, el Abacus. Le sucedió Philippe de Milly.


Escudo de armas de Bertrand de Blanchefort



Séptimo Gran Maestre.
Philippe de Milly (1169-1171)

Philippe de Milly, llamado también Philippe de Nablús, es el séptimo Gran Maestre de la Orden del Temple desde enero de 1169 hasta el 3 de abril de 1171.
Philippe de Milly nació a comienzos del siglo XII en el seno de una familia procedente de Picardía en Nablús, en el reino de Jerusalén, y era hijo de Guy de Milly y de Étiennette de Nablús. Intercambia con el rey Balduino III de Jerusalén su posesión de Nablús por la de Montréal. Después de enviudar entra en la Orden del Temple en 1148. Es elegido Gran Maestre a comienzos de 1169, sucediendo a Bertrand de Blanchefort.

Su único hecho de armas conocido parece que fue la <span>defensa de Gaza</span> ante las tropas de Saladino. Presenta la dimisión de su cargo en la Pascua de 1171 mientras está en Constantinopla en compañía del rey Amalarico I de Jerusalén. Se desconoce cómo acabó su vida, aunque es probable que ingresara en un monasterio cisterciense como era costumbre en un caballero templario al dejar el servicio activo. Le sucedió Eudes de Saint-Amand.



Escudo de armas de Philippe de Milly


Octavo Gran Maestre.
Eudes de Saint-Amand (1171-1179)

Eudes (Odon) de Saint-Amand fue el octavo Gran Maestre de la Orden del Temple. Pertenecía a una familia noble del Limousin. Marchó muy joven a Palestina, pues cuando asume la jefatura de los templarios, tiene en su haber una importante carrera militar, ya que había ocupado el cargo de mariscal del reino y vizconde de Jerusalén. Es desconocida la fecha de su ingreso en el Temple y sucedió al efímero Philippe de Milly a la cabeza de la Orden hacia 1171. Aunque gozó de una reputación como hombre sagaz y de gran coraje, el cronista Guillermo de Tiro lo describe así: : «Hombre ruin, soberbio, arrogante, que respira sólo furor, sin temor de Dios y sin consideración hacia los demás… murió en la miseria, sin pena de nadie.»

Nada más ser elegido se opuso al rey Amalarico I de Jerusalén al rechazar presentar ante la justicia real al templario Gantier du Mesnil, culpable de haber asesinado a un emisario del Viejo de la Montaña. Su enfrentamiento duró hasta la muerte del rey, al que sucedió el joven y enfermo Balduino IV. En 1177, Saladino lanzó un raid sobre Ascalón con casi 20.000 hombres. Al punto Balduino IV se dirigió a su encuentro con apenas 3.000 infantes y 375 caballeros, de los que 80 eran templarios conducidos por su jefe. Son los templarios los que se sitúan en vanguardia y cargan atropellando a las primeras líneas del sultán ayubida. «El ángel exterminador parecía seguirles en la pelea.»
La batalla de Ascalón (18 de noviembre de 1177) fue una gran victoria de los cristianos conseguida en parte gracias al ímpetu y la furia de la carga de los templarios. Sin embargo, al año siguiente, mientras el ejército construía un fuerte sobre el río Jordán, fue sorprendido por Saladino (batalla del vado de Jacob). Mientras los caballeros se desbandan, sólo resisten los templarios, al igual que los hospitalarios, y todos sucumben a excepción de Eudes de Saint-Amand. El sultán desea intercambiarlo por uno de sus sobrinos prisionero de la Orden; pero el Gran Maestre, que rechaza la oferta, le responde: «Yo no puedo autorizar con mi ejemplo la cobardía de mis caballeros que se dejarían prender con la esperanza de ser rescatados. Un templario debe vencer o morir, y no puede dar por su rescate otra cosa que no sea sino su puñal y su cinto.»

Llevado al cautiverio, muere en Damasco el 19 de octubre de 1179, lo que es confirmado por el registro de Reims.


Escudo de armas de Eudes de Saint-Amand



Noveno Gran Maestre.
Arnaud de Torroja (1180-1184)

Gran Maestre de la Orden del Temple desde 1180 a 1184. Arnaldo de Torroja es Gran Maestre de la provincia de Aragón y Provenza cuando es elegido a la cabeza de la Orden a finales de 1180, para suceder a Eudes de Saint-Amand, muerto en cautividad en Damasco. En esa época Arnaldo de Torroja tiene más de 70 años de edad, por tanto, es un hombre curtido en la disciplina y en el funcionamiento de la Orden. Dedicado esencialmente a la Reconquista de España, Arnaldo de Torroja no conoce, o no la conoce bien, la situación política de los Estados Latinos de Oriente.

Su etapa de gobierno está marcada por las querellas que se libran entre Templarios y Hospitalarios, dado que estos últimos no cesan de acrecentar su influencia y su poder político. Arnaldo de Torroja acepta la mediación del papa Lucio III y de Balduino IV para poner término a estas luchas fratricidas. En 1184, la situación política degenera todavía más, cuando Reinaldo de Châtillon ayudado por los Templarios y los Hospitalarios, asola por su propia cuenta los territorios musulmanes de Transjordania. Arnaldo de Torroja dará pruebas de una gran sagacidad política al negociar una tregua con Saladino, el cual está decidido a vengar las incursiones de Renaud de Châtillon. En 1184, Arnaldo de Torroja y el Gran Maestre de San Juan del Hospital regresan a Europa con el objeto de obtener de los reyes europeos y del Papa el envío de una nueva cruzada que refuerce a los Estados Latinos, que se encuentran a merced del creciente poderío militar de Saladino, el unificador del mundo musulmán. Durante este viaje, Arnaldo de Torroja cae enfermo y muere en Verona el 30 de septiembre de 1184.

Como curiosidad, Arnaldo de Torroja ha sido de los pocos Grandes Maestres del Temple que ha aparecido en el cine, en el año 2007 fue interpretado por el actor inglés Steven Waddington en la cinta de Arn, El Caballero Templario.




Décimo Gran Maestre.- Gérard de Ridefort (1185-1189)
Gérard de Ridefort (1185-1189)

Gérard de Ridefort, también llamado Girard de Ridefort, nació en Flandes en el año 1140. Segundón de un noble flamenco, no espera conseguir fortuna en su país, por lo que se une a la Segunda Cruzada en 1146, con la idea de conseguir el señorío feudal. Raimundo III de Trípoli le promete un rico matrimonio con su vasalla Lucía de Botrun, pero el rey cambia de parecer y prefiere aceptar la oferta de un rico comerciante pisano. Esto convierte a Ridefort en su mortal enemigo.

Posteriormente se alía con Guy de Lusignan e ingresa en la Orden del Temple llegando a ser Senescal en 1183 y logra ser elegido Gran Maestre en 1184. Tras la muerte de Balduino IV en 1185 y de Balduino V poco después, en 1186, Ridefort arrebata la corona del Reino de Jerusalén a Raimundo III en beneficio de su aliado Guy de Lusignan.

Las temerarias campañas que impulsa contra Saladino resultan desastrosas y causan numerosas pérdidas humanas en ambos bandos.
A su muerte ante la ciudad de San Juan de Acre, el 1 de octubre de 1189, los cuatro Estados Latinos están exhaustos y desangrados y la suerte de los combates es incierta.
Según Steven Runciman la muerte de Gerard de Ridefort sucedió cuando, en Acre, “Saladino cargó con todas sus fuerzas e hizo retroceder a los cruzados en desorden hacia su campamento, que se hallaba al mismo tiempo atacado por una salida procedente de la guarnición de Acre. Muchos caballeros francos cayeron en la batalla, entre ellos Andrés de Brienne. Las tropas alemanas fueron presa del pánico y sufrieron graves pérdidas, que fueron también muy elevadas entre los templarios. El gran maestre del Temple, Gerardo de Ridfort, espíritu maligno de Guido en los días que precedieron a Hattin, fue hecho prisionero y pagó con la vida sus insensateces. Conrado sólo se libró de ser capturado por la intervención de su rival, el rey Guido.

Como curiosidad, a pesar de que los Grandes Maestres del Temple han aparecido muy pocas veces en el cine, Gerard De Ridefort es uno de los que más ocaciones ha aparecido en peliculas. Ha sido interpretado por el actor britanico Nicholas Boulton en las dos cintas de la saga Arn: El Caballero Templario. En el año 2005 fue interpretado por dos actores, el primero fue el norteamericano Sam Hennings en la pelicula Soldado de Dios, mientras que el segundo fue el actor danes llamado Ulrich Thomsen en la cinta titulada Cruzadas, cinta en la que usualmente se confunde a la figura de Ridefort con las de Guy de Lusignan, interpretado por Marton Csokas y la de Reynald de Chatillon, interpetado por Brendan Gleeson.


Décimo primer Gran Maestre.- Robert de Sablé (1191-1193)
Robert de Sablé (1191-1193)

Robert de Sablé es el undécimo Gran Maestre de la orden de los Templarios. Es un noble del que no se conocen bien sus orígenes. Parece que estuvo casado dos veces y tuvo tres hijos (dos niñas y un varón) antes de entrar en la Orden del Temple.

Después de la muerte de Gérard de Ridefort, los templarios dejaron vacante el cargo de Gran Maestre varios meses y aprovecharon para reformar algunos puntos de la Regla relativos a las medidas disciplinarias a adoptar ante un posible incumplimiento del Gran Maestre de sus propias responsabilidades. Por ello, no es probable que en octubre de 1190 fuera elegido Robert de Sablé, ya que había sido admitido en junio de 1189. No obstante, Guillermo de Tiro sitúa su elección a principios de 1190.

Amigo del rey de Inglaterra Ricardo Corazón de León, participa en la toma de San Juan de Acre el 13 de julio de 1191 después de la batalla de Arsuf donde Saladino sufre una gran derrota. Robert de Sablé toma parte en todos los combates contra Saladino. Muere en enero de 1193, cuando se firma la tregua de tres años entre Ricardo y el sultán de Egipto, que permite a los peregrinos poder visitar Jerusalén.




Décimo segundo Gran Maestre.- Gilbert Hérail (1193-1200)
Gilbert Hérail (1193-1200)


Gilbert Hérail (o Erail u Horal) nació en 1152 y posiblemente en el Reino de Aragón, pero se ignora la fecha y lugar de su nacimiento. Ingresa tempranamente en la Orden del Temple, de forma que ya es Gran Comendador de la misma cuando es elegido Gran Maestre del Temple en febrero de 1193, tras la muerte de Robert de Sablé. Por tanto, fue el duodécimo Gran Maestro Templario.

Un año después de su elección, en 1194, el papa Celestino III confirma todos los privilegios otorgados al Temple por medio de la bula Omne datum optimum que Anastasio IV había dictado en 1154.

Gilbert Hérail desea mantener el periodo de paz entre cristianos y musulmanes logrado por el acuerdo de paz que Ricardo Corazón de León había suscrito con Saladino, y gracías a una política de equilibrio. Esto le atraerá las iras del papa Inocencio III que ve en ello una traición a la Iglesia. A causa de esta querella con Inocencio III, el resultado de las tensiones entre Templarios y Hospitalarios se decide en favor de estos últimos, que aprovechan para recuperar tierras y castillos.

Durante su mandato, la Orden del Temple participará en la Reconquista de la Península Ibérica. En agradecimiento por los servicios prestados, el rey Alfonso II de Aragón, en 1196, donará a los templarios la fortaleza de Alfambra.
Gilbert Hérail fallece en diciembre del año 1200 en el inicio de la Cuarta Cruzada.




Décimo tercer Gran Maestre.- Phillipe de Plaissis (1201-1208)
Phillipe de Plaissis (1201-1208)

Philippe du Plaissis (o du Pleissiez, o du Plaissiez) fue un caballero francés nacido en Anjou (Plessis-Macé) en la segunda mitad del siglo XII que ingresó la Orden del Temple durante la tercera Cruzada en 1189. Su elección a la cabeza de la Orden tuvo lugar entre enero y marzo de 1201, ya que uno de sus primeros actos como Gran Maestre fue la firma de un acuerdo con la Orden del Hospital sobre el riego de tierras y el uso de los molinos que las dos órdenes poseían en el condado de Trípoli, que lleva la fecha de 17 de abril de 1201.

Desde el comienzo de su mandato se vio enfrentado al rey de la Pequeña Armenia, pues éste se había apoderado de una fortaleza templaria situada en el principado de Antioquía. Después de una causa llevada a cabo por el papa Inocencio III, los templarios son expulsados de la Pequeña Armenia y sus bienes confiscados.

En 1201, Egipto y después Siria son asolados por una epidemia de peste, y en 1202 se produce un fuerte terremoto. La paz resulta necesaria para reconstruir las ciudades y pueblos destruidos. Philippe du Plaissis negocia una tregua con los musulmanes, en la cual rechaza asociar a los Caballeros Teutónicos. Cuando los Hospitalarios negocian también una tregua, ésta es rechazada a su vez por los Templarios. Estos conflictos internos provocan la intervención del Papa.

En efecto, la Orden del Temple ha contado siempre con el apoyo del papado (el 1 de febrero de 1205 Inocencio III confirma la bula de Anastasio IV Omne datum optimum) lo que provoca, sin embargo, constantes quejas de obispos y príncipes contra los templarios. No obstante, en 1208, Inocencio III se dirige a Philippe du Plaissis para recordarle que la obediencia es uno de los tres votos que pronuncia el templario en su ingreso en la Orden y que su incumplimento le hace apóstata. No parece que esta amonestación sea realmente escuchada por una orden que recluta a numerosos caballeros y que se enriquece con cuantiosas donaciones.

El registro de Reims fija la muerte de Philippe du Plaissis en el 11 de los idus de noviembre, es decir, el 12 de noviembre de 1209.


Décimo cuarto Gran Maestre.- Guillaume de Chartres (1209-1219)
Guillaume de Chartres (1209-1219)

Guillaume de Chartres fue el décimocuarto Gran Maestre de la Orden del Temple. Era hijo del conde de Bar-sur-Seine, pero se ignora tanto la fecha de su nacimiento como la vida que llevó hasta el año 1210, en que fue elegido Gran Maestre. Poco después asiste a la coronación como rey de Jerusalén de Jean de Brienne (el cual contaba con el apoyo de Felipe Augusto). La situación de los príncipes cristianos en Palestina es bastante precaria y en el cuarto concilio de Letrán (noviembre 1215) el papa Inocencio III exhorta de nuevo a los soberanos europeos para que inicien una nueva cruzada.

Guillaume de Chartres participa con sus templarios en esta Quinta Cruzada (1217/1221); pero las disputas entre los jefes cruzados ante el sitio de Damietta impiden obtener resultados significativos. Una epidemia de peste acaba con la vida de numerosos cruzados, entre ellos Guillaume de Chartres que fallece en enero o febrero de 1219.

Los templarios participan en todas las batallas contra los musulmanes que se desarrollan en España y la Orden recibe numerosas donaciones que acrecientan su poder y riqueza.

En 1211, Guillaume de Chartres había conseguido otro éxito importante, pues el castillo de Gastein, que había sido tomado por los musulmanes en 1190, es reconquistado por el rey de la Pequeña Armenia, y después de un arbitraje papal es devuelto a los Templarios.



Décimo quinto Gran Maestre
.- Pedro de Montaigú (1219-1230)
Pedro de Montaigú (1219-1230)
Pedro de Montaigú fue el décimoquinto Gran Maestre de la Orden del Temple. De origen aragonés, fue elegido como Gran Maestre durante el sitio de Damietta en 1218. Sin embargo, el nuevo maestro fue informado bastante después de su elección, ya que en noviembre de 1218 todavía firma como Prefecto de Provenza y Aragón. Fallece en 28 de enero de 1232.

A decir de las crónicas, era valiente y hábil en el combate. Hay muchas actas de su maestrazgo, entre ellas, la sentencia emitida en el mes de agosto de 1222 por Pelagio, obispo de Albano y legado de la Santa Sede, respecto a los bienes situados en territorio de Tiro, en pleito con los canónigos del Santo Sepulcro y la casa del Hospital.

En 1229, rechazó acompañar a Federico II de Alemania, soberano excomulgado.



Décimo sexto Gran Maestre
.- Armand de Périgord (1232-1244)
Armand de Périgord (1232-1244)
Armand de Périgord (o Hermann de Pierre-Grosse) (1178-†1247?) pertenecía a la familia de los condes de Périgord y fue el décimo sexto Gran Maestre de la Orden del Temple. Entre 1205 y 1232, año en el fue elegido Gran Maestre de la Orden, había sido maestre de la provincia de Apulia y de Sicilia. Organizó los ataques de Caná, de Safita y de Séforis, combatiendo a los musulmanes en la región del lago de Tiberíades. Todas estas empresas se saldaron con un estrepitoso fracaso y redujeron el poderío de la Orden.

En 1236, en la frontera entre Siria y Cilicia, 120 caballeros, arqueros y turcoples fueron sorprendidos en una emboscada cerca de la ciudad de Qasr Darbsâq (la actual Terbezek). Al comienzo de la batalla que se libró a continuación, los templarios atacaron la fortaleza, pero encontraron una fuerte resistencia y cuando llegaron las fuerzas de socorro enviadas desde Damasco para ayudar a los sitiados, los caballeros fueron masacrados. Solamente sobrevivieron una veintena de ellos que pudieron refugiarse en su castillo de Bagras, a unos 20 km de allí.

En septiembre de 1239, Armand se traslada a San Juan de Acre, donde llega a un acuerdo con el sultán de Damasco, siguiendo el ejemplo de los Hospitalarios que habían suscrito un tratado con el Sultán de Egipto. En 1244, el sultán de Damasco solicita la ayuda de los templarios para rechazar a las hordas de Corasmia que intentaban ocupar el Asia Menor.

En octubre de 1244, las fuerzas federadas de Templarios, Hospitalarios y los Caballeros Teutónicos, de acuerdo con el ejército del Sultán de Damasco, se enfrentaron al Sultán de Egipto, aliado a su vez del Imperio corasmio, en la batalla de la Forbie, cerca de Gaza. La coalición de cristianos y musulmanes sirios fue vencida, dejando más de 30.000 muertos sobre el campo de batalla. Algunos caballeros del Temple y Hospitalarios llegaron a refugiarse en San Juan de Acre, que permanecía aún en poder de las fuerzas cristianas. La suerte que corrió Armand de Périgord es incierta: no se sabe si fue muerto en la batalla o capturado. Según esta última versión, murió en cautividad en el año 1247.



Décimo séptimo Gran Maestre.
- Richard de Bures (1245-1247)
Richard de Bures (1245-1247)

Richard de Burés, Gran Maestre de la Orden del Temple de 1244 a 1247. Tras la desaparición de su predecesor Armand de Périgord, parece ser que fue elegido de manera temporal a la espera de una elección oficial.

No existe apenas información sobre su vida salvo que era el señor de Chastel Blanc cuando fue elegido Gran Comendador de la Orden; pero nada se sabe sobre su elección como Gran Maestre.

En efecto, la muerte de Armand de Périgord había sido conocida desde hacía algún tiempo, por lo que Richard de Burés fue citado como superior de los Templarios; pero sin haber sido elegido oficialmente.



Décimo octavo Gran Maestre.
- Guillaume de Sonnac (1247-1250)
Guillaume de Sonnac (1247-1250)
Guillaume de Sonnac se convierte en Gran Maestre de la Orden del Temple entre 1243 y 1247.
Se sabe que participó en la toma de Damietta y que murió en la batalla de Al Mansurah, el 11 de febrero de 1250, después de haber perdido un ojo el 8 febrero, durante los primeros combates de dicha batalla.

Pertenecía a la familia Sonnac, uno de los linajes más destacados de la región del Rouergue.


Décimo noveno Gran Maestre.-
 Renaud de Vichiers (1250-1256)
Renaud de Vichiers (1250-1256)

Renaud de Vichiers (o de Vichy) es el décimo noveno Gran Maestre de la Orden del Temple.

Originario de la región de Champaña, ostentó sucesivamente los cargos de Preceptor de Francia y Gran Mariscal de la Orden, siendo elevado a la dignidad de Gran Maestre para suceder a Guillaume de Sonnac, que había muerto en Egipto en la batalla de Al Mansurah.

Contribuyó con sus consejos a que San Luis, después de su cautiverio tras el desastre de Al Mansurah, permaneciera en Tierra Santa reorganizando las posesiones francesas.
Renaud de Vichiers falleció el 20 de enero de 1256


Vigésimo Gran Maestre
.- Thomas Bérard (1256-1273)
Thomas Bérard (1256-1273)

Thomas Bérard (o Bérault o Béraud) es el vigésimo Gran Maestre de la Orden del Temple. Se duda sobre su origen. Para unos era italiano y para otros inglés.
Sucedió en 1256 al gran maestre Renaud de Vichiers. Ejerció sus altas funciones en las más tristes circunstancias, sucesivamente hipotecado en las querellas de su orden con la de los Hospitalarios, y siendo testigo de los progresos del sultán mameluco Baibars, quien, poco a poco, obligó a los cristianos de Palestina a encerrarse tras los muros de San Juan de Acre, último baluarte del Reino de Jerusalén.

El gran maestre Thomas Bérard murió en 1273.



Vigesimo primer Gran Maestre.
- Guillaume de Beaujeu (1273-1291)
Guillaume de Beaujeu (1273-1291)

Guillaume de Beaujeu, también llamado Guillermo de Beaujeu, fue el vigésimo primero Gran Maestre de la Orden del Temple desde (1273-1291). Murió durante la caida de Acre y fue sucedido por Thibaud Gaudin.

Procedía de la región de Beaujolais, de donde deriva su apellido. Guillaume era descendiente de una poderosa familia perteneciente a la nobleza de Beaujolais, que tenía lazos familiares con Luis IX y Carlos de Anjou, rey de Sicilia.

Se cree que ingresó en la Orden a los 20 años, fungiendo primero como comendador de la guarnición templaria en la provincia de Trípoli en 1271. Fue elegido posteriormente, el 13 de mayo de 1273, como Gran Maestre, y ostentó el cargo de Comendador de la Apulia y, por tanto, encontrándose fuera de Tierra Santa.

Desde su elección, emprendió una gira para visitar las principales comandancias templarias de Occidente, y fue convocado por el Papa Gregorio X en el Concilio de Lyon II. Durante el verano de 1274, hizo lo posible por obtener la opinión de los Maestres del Templo y el Hospital para organizar una nueva Cruzada. El poco entusiasmo por parte de los barones occidentales ante la idea de tal Cruzada y la muerte del Papa en 1276 interrumpieron definitivamente los preparativos de la expedición.

A pesar de los llamamientos constantes de los Templarios de Oriente, no fue sino hasta septiembre de 1275 que Guillaume de Beaujeu arribó a Acre.

En 1279, de Beaujeu entró en conflicto con Hugo III, rey de Chipre, pues este acababa de confiscar los bienes templarios en la isla. El distanciamiento entre Chipre y la Orden duró aproximadamente 20 años, y no fue sino hasta que Jacques de Molay ocupó el cargo de Gran Maestre, que los problemas diplomáticos comenzaron a solucionarse.

En 1282, Guillaume de Beaujeu, cuya política hacia los gobernantes musulmanes consistía en ganar tiempo, aprovechó la invasión mongola que les acosaba por el Este y el Norte para prorrogar por un lapso de 10 años la tregua firmada en 1271 con Baibars. La política franca era lograr la división entre los mongoles y musulmanes. Por una parte, los cristianos de Armenia eran partidarios de una alianza con las hordas tártaras, mientras que los cristianos del sur preferían permanecer neutrales. Guillaume de Beaujeu mantenía relaciones amigables con El Cairo.

En 1288, Qalawun, el sucesor de Baibars, decidió atacar a Trípoli a pesar de la tregua firmada. Guillaume de Beaujeu, gracias a las relaciones estrechas que mantenía con la corte del sultán de El Cairo, se enteró del plan y rápidamente informó de los preparativos en curso y alertó a los dignatarios de la ciudad de Trípoli, quienes no le creyeron, puesto que se sentían protegidos por la tregua. Al contrario, pensaron que el Maestre del Temple quería que abandonaran dicha ciudad para capturarla y ponerla bajo mando templario.

A pesar de las advertencias de Guilleaume de Beaujeu, y debido a la desconfianza entre los líderes cristianos, la villa de Trípoli cayó en manos musulmanas el 26 de abril de 1289. Qalawn, cuyo objetivo era la expulsión total de los cruzados de Tierra Santa desde fines de 1289, inició los preparativos para asediar Acre.

Templarios y Hospitalarios, comandados por sus Maestres Guillermo de Beaujeu y Juan de Villiers, respectivamente, olvidaron sus disputas y se dispusieron a defender las murallas septentrionales de la villa, mientras que Conrado de Feutchwangen, Maestre de la Orden Teutónica, Amalarico el hermano del rey de Chipre Enrique II y comandante de la caballería siria y chipriota y el capitán suizo Otón de Grandson, al mando de tropas inglesas, ocuparon las murallas occidentales.

De Beaujeu intentó una salida con 300 caballeros la noche del 15 al 16 de abril. Tomando por sorpresa a un contingente enemigo que acampaba frente a sus posiciones, masacraron a varios centenares de combatientes, pero debieron retirarse al abrigo de las murallas de la ciudad antes de poder destruir las máquinas de guerra enemigas, que eran sus objetivos, pues el ejército mameluco estaba para entonces alerta y se disponía a contraatacar.

El 16 de mayo, a pesar de que algunos días antes el rey de Chipre, Enrique II, y un millar de combatientes habían arribado por barco a la ciudad, una parte de la muralla se vino abajo debido a la acción de algunos zapadores enemigos. Los musulmanes entraron por la brecha, pero la acción conjunta de las tres órdenes reunidas les impidió penetrar más allá de unos metros y los defensores consiguieron, poco después, repeler a los musulmanes fuera de las murallas.

El 18 de mayo, Al-Ashraf Khalil lanzó el asalto final. Dos millares de fanáticos musulmanes llegaron hasta la brecha, cruzaron la muralla y se lanzaron sobre las torres y los muros restantes. Guillermo de Beuajeu reunió una decena de caballeros templarios y otros tantos hospitalarios que, siguiendo a Guillaume, se lanzaron en una embestida mortal.

Con la veintena de caballeros, Guillermo de Beaujeu pudo poner un alto momentáneo a la marea enemiga que se derramaba ya sobre la ciudad. Cuando estaba a punto de repeler a los sarracenos que ocupaban la puerta de San Antonio, fue mortalmente herido. En el fragor de la refriega no tuvo tiempo de divisar y evitar una flecha que, disparada por un arquero sirio, atravesó su costado, justo por debajo de la axila, y se alojó en el pecho. Los caballeros que con él luchaban, al verlo retirarse cabizbajo hacia el interior de la ciudad, le reprocharon su conducta, a lo que él respondió diciendo: “No me estoy retirando. Estoy herido, he aquí la flecha” y mostró la saeta, ya rota, al tiempo que levantaba el brazo.

Rápidamente fue llevado por una de las poternas de la muralla interior, que dividía el barrio de Montmusard del resto de la ciudad hacia una casa de dicho barrio, donde exhaló su último aliento.


Vigésimo segundo Gran Maestre.
- Thibaud Gaudin (1291-1292)
Thibaud Gaudin (1291-1292)
Thibaud Gaudin (también conocido como Tibaldo Gaudin o Tibaldo de Gaudin) fue el vigésimo segundo Gran Maestre de la Orden del Temple.

Los inicios de Thibaud Gaudin en la Orden están cubiertos por un gran misterio. Sin embargo se sabe que era descendiente de una familia noble del área de Chartres o Blois y es seguro que fue iniciado en la Orden antes de 1260. Este dato se conoce porque, según las crónicas, Gaudin fue capturado durante una incursión militar en Tiberíades. También se tiene consciencia de que debido a su gran piedad se le conoció en su tiempo como el “Monje Gaudin”.
En 1279 Gaudin fue ascendido al puesto de Preceptor de la Tierra de Jerusalén, el cuarto puesto más importante en la jerarquía Templaria.
Cuando, durante la Caída de Acre, Guillaume de Beaujeu fue herido mortalmente, Pedro de Sevrey, Mariscal de la Orden, tomó el mando de las tropas y encabezó la defensa. La noche del 24 de mayo, perdidas todas las esperanzas, Pedro de Sevrey, ordenó a Thibaud Gaudin, por entonces Tesorero de la Orden (aunque otras fuentes indican que por aquel entonces era Gran Comendador), llevar el tesoro templario a Sidón. Antes de zarpar Thibaud embarcarcó consigo algunos ciudadanos distinguidos, así como un gran número de no combatientes.

El 29 de mayo, cuando Acre quedó bajo dominio de al-Ashraf, el ejército mameluco puso sitio a la inexpugnable ciudad de Tiro, muchos años antes Saladino había intentado asediarla en dos ocasiones, fracasando en ambas. Sin embargo, el gobernador designado por Amalarico, hermano del Rey, Adán de Cafran se sintió intimidado ante el ejército mameluco y huyó a Chipre, dejando la ciudad a merced del enemigo.

En Sidón los templarios no estaban dispuestos a abandonar la ciudad sin luchar, Thibaud Gaudin custodiaba el Tesoro de la Orden tras los muros de la ciudad y los caballeros supervivientes le habían nombrado sucesor de Guillaume de Beaujeu. Por un mes ningún enemigo se apareció ante las puertas de la ciudad, pero a finales de junio, una densa polvareda comenzó a levantar desde el sureste. Según las batidas de reconocimiento, tal polvareda era efecto de la marcha de un enorme ejército comandado por el emir al-Shujai. Los caballeros en Sidón eran muy pocos como para defender la plaza, por lo que se retiraron al Castillo del Mar, escoltando consigo a algunos de los ciudadanos más notables de la ciudad, y suficientes víveres como para aguantar un prolongado asedio.
El castillo del Mar era una fortaleza que se encontraba a poco más de mil metros de la costa, conectada a tierra por un boulevard fortificado. Tanto el castillo como la pasarela fortificada habían sido reforzados recientemente.

Una vez que hubo organizado la defensa y dejado a los templarios al mando de algún caballero distinguido, Thibaud partió hacia Chipre con la intención de reclutar tropas que pudiesen apoyar a la guarnición de Sidón (o al menos eso fue lo que argumentó al zarpar de Palestina). Pero una vez en Chipre el Gran Maestre no hizo nada, bien por cobardía o por desesperación.

Los templarios que quedaron defendiendo el castillo se batieron valientemente cuando les llegó su turno, pero sus esperanzas sucumbieron cuando los ingenieros del ejército mameluco comenzaron a tender una pasarela que cruzase el mar. Adelantándose a la carnicería por venir embarcaron y zarparon rumbo a Tartus (Tortosa). El 14 de julio al-Shujai entró en el castillo y siguiendo las órdenes de al-Ashraf ordenó su destrucción.

Posteriores a Sidón fueron las tomas de Beirut (21 de julio de 1291), Haifa (30 de julio) y la matanza de monjes en el Monte Carmelo.

Aún quedaban los dos castillos templarios de Tortosa y Athlit, pero ninguno estaba lo suficienteente guarnecido como para resistir un asedio. Razón por la cual Thibaud Gaudin decidió evacuarlas, abandonando Tortosa el 3 de agosto y Athlit el 14 de agosto. Todo lo que ahora quedaba a los templarios era la isla-fortaleza de Rwad o Arwad a dos kilómetros y medio de la costa, frente a Tortosa.

Esta pequeña isla todavía permaneció doce años bajo poder cruzado.

Para sustituir a Pedro de Sevrey, Thibaud nombró a Jacques de Molay como el nuevo Mariscal de la Orden.

El resto de sus días los pasó en Chipre, con una salud cada vez más deteriorada a causa de la inminente caída del Temple, de la que Gaudin se sentía (y era en parte) culpable. Durante el resto de su mandato los templarios no volvieron a poner un pie en Tierra Santa. Thibaud Gaudin exhaló su último aliento el 16 de abril de 1292.

A finales de 1292 le sucedió Jacques de Molay, que será el último Gran Maestre del Temple.



Vigésimo  tercer Gran Maestre
.- Jacques de Molay (1292-1314)
Jacques de Molay (1292-1314)

Jacques Bernard de Molay (hacia 1240 a 1244, † 18 de marzo de 1314). Noble franco y último Gran Maestre de la Orden del Temple.

Estudiosos nobiliarios incluyen a Molay en la genealogía de Lonvy, al ser Molay una población del Señorío de Rahon, propiedad del padre de Jacques de Molay.

Jacques Bernard de Molay nació en Borgoña entre 1240 y 1244 (aunque hay ciertas versiones que especifican que fue en el año 1243 y otros en el 1244, en la ciudad de Vitrey, departamento de Haute Sâone), hijo de Juan, Señor de Lonvy, heredero de Mathe y Señor de Rahon, gran población cerca de Dôle, de la cual dependían muchas otras, pero principalmente Molay, y esta a su vez, era una parroquia de la Diócesis de Besançon, en el Deanato de Nenblans.

En 1265, en la ciudad de Beaune (Francia) se unió a la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, conocidos comúnmente como Caballeros Templarios u Orden del Temple, recibiéndole el Fraile Imbert de Perand, visitador de Francia y del Portu, en la capilla del Temple de la residencia de Beaune.

En 1293, figura con el título de Gran Maestre tras la muerte de Thibaud Gaudin el 16 de abril de 1292. Así se convirtió en el 23° y último Gran Maestre.

Organizó entre 1293 y 1305 múltiples expediciones contra los musulmanes y logró entrar en Jerusalén en 1298, derrotando al Sultán de Egipto, Malej Nacer, en 1299 cerca de la ciudad de Emesa. En 1300 organizó una incursión contra Alejandría y estuvo a punto de recuperar la ciudad de Tartus, en la costa siria, para la cristiandad.

En 1307, el Papa Clemente V, Beltrán de Goth y el rey de Francia Felipe IV “El Hermoso” ordenaron la detención de Jacques de Molay bajo la acusación de sacrilegio contra la Santa Cruz, herejía e idolatría. Molay declaró y reconoció, bajo tortura, los cargos que le habían sido impuestos; aunque con posterioridad se retractó, y por ello en 1314 fue quemado vivo frente a la Catedral de Nôtre Dame, donde nuevamente volvió a retractarse, en forma pública, de cuantas acusaciones se había visto obligado a admitir, proclamando la inocencia de la Orden y, según la leyenda, maldiciendo a los culpables de la conspiración:

« “Dios sabe quién se equivoca y ha pecado y la desgracia se abatirá pronto sobre aquellos que nos han condenado sin razón. Dios vengará nuestra muerte. Señor, sabed que, en verdad, todos aquellos que nos son contrarios, por nosotros van a sufrir.” “Clemente, y tú también Felipe, traidores a la palabra dada, ¡os emplazo a los dos ante el Tribunal de Dios!… A ti, Clemente, antes de cuarenta días, y a ti, Felipe, dentro de este año…”»

En el plazo de un año, dicha maldición supúsose que comenzaba a cumplirse, con la muerte de Felipe IV (según Maurice Druon, a causa de un accidente cerebrovascular durante una expedición de caza); de Clemente V; y finalmente de Guillermo de Nogaret.



El fin público de la ORDEN

Los "sepultureros" de los Caballeros del Temple fueron el Rey de Francia, Felipe IV "el Hermoso", el Papa Clemente V y los dominicos, orden muy experta en estas jugadas.


"¡No me siento capaz de soportar ni un momento más esta amarga prueba Díganme de lo que van a acusarme, señores comisarios, que estoy dispuesto a confesarme autor de la muerte del mismo Jesucristo!"
Los Templarios eran el ejército del Papa y significaban un importante centro de poder por su fuerza militar, su dominio estratégico en Europa, especialmente en Francia, y sobre todo por sus enormes riquezas, lo que les convierte en el sistema bancario más importante del mundo.
Por eso un rey empeñado en afirmar su autoridad absoluta tenía que terminar con la Orden del Temple, y no por ejemplo con la del Hospital, que se comportaba y organizaba de un modo completamente distinto.
Los "sepultureros" de los Caballeros del Temple fueron el Rey de Francia, Felipe IV "el Hermoso", el Papa Clemente V y los dominicos, orden muy experta en estas jugadas. La tónica del monarca francés fue un intento de absolutismo, para lo que le estorbaban los Templarios por su exención jurisdiccional y su poderío económico, que humillaba a un soberano lleno de deudas.

FELIPE IV
Hasta el momento del proceso sólo se les achacaba su orgullo, vicio censurado hasta por los pontífices romanos que en la persona de Nicolás IV quiso unirlos a los Hospitalarios "para moderar su soberbia". Felipe IV se aprovechó de esta decantada actitud y pidió al Papado que los humillara, diciéndole que no convenía al pontificado una Orden sin control, por su excesivo poder y el peligro de una rebelión. Quién mejor ayudó al monarca fue Esquino Floriano, delincuente habitual que decía haber sido confidente de un templario en las mazmorras de Tolosa y que se proclamaba conocedor de los vicios de la Orden. Otros dicen que era un templario expulsado, sin que hayan trascendido los motivos. El caso es que el rey acogió con agrado aquel costal de infundios que, vertidos en los dóciles oídos de Clemente V, consiguieron que ordenase una inquisición contra los Caballeros del Temple. Floriano aseguraba que al ingresar en la Orden sus miembros renegaban del Salvador, pisoteando y escupiendo la cruz. Que en compensación de su celibato se les permitía la sodomía, pecado que los maestres absolvían. Que adoraban ídolos y que sus sacerdotes omitían intencionadamente en la misa las palabras de la consagración, etc.
Los intentos del francés comenzaron en Lyon, en 1305, con motivo de la coronación del arzobispo de Burdeos, Beltrán de Got, que pasaría a llamarse 

Clemente V. El nuevo Papa no dio importancia al asunto, preocupado por el problema de Palestina, ocupada por los árabes, para cuya solución necesitaba de los Templarios. En 1307, Jacobo de Molay, último maestre del Temple, secundando los deseos papales de Cruzada, llegó a Francia para reclutar tropas y abastecerse de vituallas. A su paso por el país escuchó las calumnias propaladas contra su Orden y acudió ante el Papa solicitando un examen formal para comprobar la falsedad de tan burdas calumnias. Accedió Clemente V a sus deseos y así se lo comunicó al monarca francés por carta del 24 de agosto de 1307. Felipe IV, dispuesto a apoderarse de los bienes del Temple, y aconsejado por su ministro Guillermo de Nogaret, decidió adelantarse. El 12 de octubre de 1307, a la salida de los funerales de la condesa de Valois, el maestre Molay y su séquito fueron arrestados y encarcelados, lo mismo que todos los Templarios franceses, y confiscados sus bienes bajo pretexto de la inquisición.

JACOBO DE MOLAY

Para mitigar el escándalo y consternación que produjo el hecho, el Rey publicó un manifiesto redactado por Nogaret en el que se recogían todas las injurias, ignominias y abominaciones imaginables contra la Orden, involucrando al Papa en el acto. Cuando éste se enteró de la detención y del proceso, reprendió al monarca y envió dos cardenales, Berenguer de Frédol y Esteban de Suisy, para reclamar las personas y bienes de los encausados. Los purpurados, que debían sus cargos al monarca francés, consiguieron convencer a Clemente V de la buena fe real y enconar su ánimo contra los procesados. Felipe IV consiguió la facultad de juzgar a los miembros franceses de la Orden del Temple y administrar sus bienes. Por medio de la tortura, la Inquisición obtuvo las declaraciones que deseaba, pero estas confesiones fueron revocadas por los acusados en la hora de su muerte en el suplicio, lo cual echa por tierra su probatoriedad.
Sin embargo las confesiones obtenidas convencieron al venal Clemente V, quién ordenó un proceso en todo el mundo. Sin embargo se alzaron tantas voces de protesta, que el pontífice, por la bula Faciens misericordiam, del 12 de agosto de 1308, mandó formar comisiones diocesanas en toda la Cristiandad presididas por el obispo, dos canónigos y dos parejas de dominicos y franciscanos, para escuchar a los Templarios que desearan defender su Orden.
Las comparecencias debían dar comienzo el 12 de abril de 1309, en París, aunque tardaron varios meses en comenzar, hasta el 22 de noviembre de ese mismo año. La ausencia de torturas y un encarcelamiento más propio de religiosos, provocó que una tras otra todas las acusaciones fueran desmentidas por los caballeros sometidos a interrogatorio, pues las retracciones nacían de la reflexión y no del miedo, lo que comenzó a poner a las gentes a su favor. Pero Felipe IV y sus compinches no podían permitir esa situación, por eso recurrieron a todas sus influencias, para que se organizase con la mayor urgencia un concilio ecuménico de Sens. Lo consiguieron en cinco meses, y fue anunciado por el Papa en la bula Regnan in coelis, la celebración de un concilio en Sens, donde se trataría el problema de los Templarios.
Se inició en Abril de 1310, pero días más tarde empezaron a ser llevados a la hoguera cincuenta y cuatro templarios en las proximidades del convento de Saint-Antoine, por orden del monarca de Francia. Los inocentes fueron llevados a la muerte más atroz sobre unas pilas de leños, elegidos para que ardieran lentamente. De esta forma el suplicio resultó más inhumano. Testigos de este crimen múltiple dejaron escrito que las víctimas murieron proclamando su inocencia, reconociendo la injusticia que se cometía con su Orden y, por último, se pusieron en manos de Dios.

TEMPLARIOS EN LA HOGUERA

Además, siguieron quemándose a templarios por distintos puntos de Francia, sin esperar a que se dictaran sentencias definitivas. Unas veces eran los obispos los que firmaban las órdenes, y otras el inquisidor general Guillermo de París, fiel servidor de Felipe el Hermoso.
¿Por qué se dejaron apresar los miembros de la más formidable fuerza militar del mundo occidental?
Una de las razones fue sin duda la avanzada edad de la mayoría de los Templarios que vivían en Francia. Después de servir un tiempo en Oriente, muchos habían regresado a Europa para ocupar puestos en la administración.

Las caballeros más jóvenes habían sido enviados a Chipre, y en 1307, más del setenta por ciento de la fuerza templaria había sido reclutada en los últimos siete años.
En Chipre se preparaban para la acción militar: habían peleado con los sarracenos por Tortosa y esperaban una invasión de la isla por parte de los mamelucos.
En el Concilio de Vienne, entre el 16 de octubre de 1311, y el 3 de abril de 1312 el Papa anunció la supresión del Temple. Los teólogos del concilio eran casi todos franciscanos y dominicos, y ambas órdenes se distinguían por su animosidad y envidia contra los acusados. Antes, los secuaces del rey francés habían recurrido de nuevo a las torturas y nuevamente afloraron las confesiones de adoración demoníaca, prácticas sodomitas y de otros pecados demenciales.
La pantomima se había preparado meticulosamente, con ensayo previo incluido y no parecía que nada pudiera fallar a la hora de llevarse a cabo ante el público. Sin embargo, los primeros acusados que se presentaron ante el tribunal defendieron al Temple y amenazaron con poseer un ejército de dos mil Templarios escondido y listo para liberarles, pero ningún ataque se produjo, y por ello los siguientes meses, como nadie se ponía de acuerdo para escoger a los defensores de los Templarios (Jacobo de Molay renunció a ello por ser analfabeto) se parecieron más al teatro que deseaban los detractores de la Orden.
A puerta cerrada, los "actores" representaban los papeles que se les habían asignado, sin despertar ninguna emoción. La bula de supresión, Vox in excelso, se firmó el 22 de marzo y se leyó el 3 de abril públicamente.
Por la bula Ad providam, el 2 de mayo de 1312, Clemente V otorgó los bienes de la extinta orden a los caballeros de San Juan de Jerusalén, es decir los Hospitalarios, pero no pudo evitar la depredación por parte de Felipe el Hermoso, quien no sólo no devolvió el dinero que debía al Temple, alegando que cánones prohibían pagar deudas a los herejes, sino que se presentó cínicamente como acreedor de grandes sumas, por lo que los Sanjuanistas hubieron de entregarle 200.000 libras tornesas.
El día 6 de ese mes, el Papa dictó bulas para que los "reconciliados y arrepentidos" fueran confinados en monasterios y condenados a cadena perpetua. A los cuatro máximos dirigentes del Temple se les reservaba otro juicio más severo, que se celebró el 18 de marzo de 1314.

CLEMENTE V

En esa fecha, fueron colocados Jacobo de Molay (maestre) Godofredo de Charney (maestre en Normandía), Hugo de Peraud (visitador de Francia) y Godofredo de Goneville (maestre de Aquitania) encima de un patíbulo alzado delante de Notre-Dame, donde se les comunicó la pena de cadena perpetua. Pero cuando estaba dando comienzo la ceremonia, y mientras los delegados pontificios leían los crímenes y herejías, los máximos representantes de la Orden, los cuales ya llevaban siete años en prisión, se adelantaron para dirigirse abiertamente a las gentes de París, y fue Jacobo de Molay el que exclamó: "¡Nos consideramos culpables, pero no de los delitos que se nos imputan, sino de nuestra cobardía al haber cometido la infamia de traicionar al Temple por salvar nuestras miserables vidas!"
Así habló el último maestre del Temple, con voz alta y firme, ante los cardenales, frente a los representantes del rey y delante de las gentes. Los "arrepentidos" habían dado un vuelco total a la situación. Todo París no hablaba de otra cosa y se había provocado un escándalo que no podía ser tolerado. Incluso se temió el estallido de un motín.
Aquel mismo día, con la puesta de sol, se alzó una enorme pira en un islote del Sena, denominado Isla de los Judíos, donde los cuatro dirigentes fueron llevados a la hoguera. Según se cuenta, antes de ser consumido por las llamas, Jacobo de Molay convocó al Rey y al Papa ante el tribunal de Dios para antes de que transcurriera un año, con las palabras "Dios conoce que se nos ha traído al umbral de la muerte con gran injusticia. No tardará en venir una inmensa calamidad para aquellos que nos han condenado sin respetar la auténtica justicia. Dios se encargará de tomar represalias por nuestra muerte. Yo pereceré con esta seguridad".

Casualidad o no, la verdad es que antes de un año, tal y como aseguró el maestre templario antes de morir, fallecieron tanto Felipe IV como Clemente V. El primero que falleció fue el Papa, a los 37 días. Ya estaba enfermo, pero una noche fue presa de "un dolor insufrible que le mordía el vientre". Sus galenos comunicaron que había muerto "a merced de unos horribles sufrimientos". El rey francés murió el 29 de noviembre, al chocar con la rama de un árbol mientras montaba a caballo por el bosque de Fontainebleau. El golpe fue tan grave que el monarca pereció de una parálisis general, con gran padecimiento hasta su minuto final. ¿Se había cumplido la amenaza de De Molay? Lo cierto es que de esta forma, los Templarios salieron de la Historia y entraron en la Leyenda.

Desde el punto de vista de las acusaciones y los procesos montados contra ellos por los consejeros del rey de Francia, los Templarios son completamente inocentes. Los procesos son nulos de pleno derecho, alevosamente parciales, incluso aquellos que prescindieron de la tortura. Pero históricamente, la degradación sufrida por su adicción al dinero, al poder y a la política, los condena irremediablemente como culpables. No por haber traicionado a la Iglesia o a la Monarquía, sino por haberse traicionado a ellos mismos, a sus ideales y a sus orígenes.